Ha muerto una amiga.

Estaba aterrada. A mi lado estaba ella en el suelo, inconsciente, me gustaría pensar que solo estaba durmiendo pero mentiría. Y odio mentir cuando se trata de ella. No me respondía, no parecía tener signos vitales. Ni siquiera las dos bofetadas de rigor que le había propinado para que despertara habían funcionado. Alrededor de su cuerpo había un charco de un líquido que parecía sangre, rojo, un rojo muy intenso. Al cabo de varios minutos en los que sollocé desesperadamente, di a mi amiga por muerta.

Ahí supe que me tendría que volver a gastar una pasta porque mi zumo de cereza se había caído encima de mi querida Play Station.

Comentarios