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Hago 2026 ver.

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Hago cosas como perder el tiempo entre transbordo y transbordo . Hago cosas como no intentarlo y conseguirlo. Hago cosas como no conseguirlo pese a haberlo intentado con todas mis fuerzas. Hago cosas como imaginar todo lo que haré cuando lleguen las vacaciones. Hago cosas como decorar las habitaciones por colores porque total, es mi terapia. Hago cosas como bailar delante del espejo y sentirme increíble. Hago cosas como apoyarme en los demás, ya no me parece tan mal pedir ayuda. Hago cosas como dibujar mientras me echan la bronca por Teams. Hago cosas como no culpar a la adolescente que fui. Hago cosas como evitar el silencio. Hago cosas como devorar horas de sueño cuando estoy enferma. Hago cosas como descubrir una nueva canción cada día. Hago cosas como llevarme algo de cada lugar nuevo que piso. Hago cosas como fingir que no me importa como soy en esa versión de la historia. Hago cosas como escribir sin querer dejar de hacerlo. Hago cosas como respirar… y el aire cada vez pesa menos...

Quiero 2026 ver.

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Quiero sonreír más. Quiero llorar menos. Quiero que escuches esa canción y que me beses cuando suenen los últimos acordes. Quiero ir de fiesta y acompañarte fuera a fumar. Quiero seguir bailando mientras espero el metro, aunque me miren raro. Quiero darme lo máximo de mi siempre. Quiero vestirme y maquillarme como si nunca llegara tarde. Quiero poder cenar con una amiga siempre que quiera, por muy lejos que esté. Quiero mirarme como te miro. Quiero que me cuentes todo lo que te ha pasado hoy. Quiero que no me hagas volver a vivir tus errores. Quiero aprender los míos. Quiero que en mi ropa nunca falten pelos de gato. Quiero escribir más textos y sacarlos de la libreta. Quiero ser parte de muchas vidas. Quiero que muchas vidas sean parte de la mía. Quiero quererme… y que sea tan fácil como querer.

Siento 2026 ver.

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Siento la necesidad de levantarme todas las mañanas y verme más delgada. Siento la necesidad de ser validada a cada paso que doy. Siento que la validación más importante debe ser la mía. Siento una ilusión muy particular cuando me preguntan quién soy. Siento que me da felicidad que la vida de mis amigos sea cada vez mejor. Siento que me estoy encontrando en los complicados caminos del alma. Siento que por más que me esfuerce hay defectos que no se van a ir. Siento que leo tanto para evadirme de la realidad e imaginar que la vida puede ser así de bonita. Siento que si tuviera otro cuerpo todo hubiera sido diferente, ¿sería más feliz? Siento que las lágrimas salen solas de mis ojos cada vez que alguien a quién aprecio me cuenta que lo ha pasado mal, son lágrimas de rabia por no haber podido evitarlo. Siento que empiezo un viaje infinito. Siento que me quiero por momentos. Siento también, que los quiero a ellos, aunque no entiendan mis ataques de mimos. Siento tantas cosas pero me gusta t...

Glow up mental en una noche (y varios días)

 Hay algo mágico en conectar con la historia de un álbum que te han recomendado porque saben exactamente por lo que estás pasando. Al menos, así me he sentido yo con esto que me ha pasado esta semana. Empiezo por el final de mi relación de casi tres años. Vivíamos juntos. En una ciudad que nunca he sentido como mi hogar. En un espacio que se sentía gris, apático. Con un trabajo monótono pero que me permite sobrevivir a este cambio. Y, tras cuatro meses de subidas y bajadas, con la relación medio superada (la relación, no sus efectos secundarios), apareció un amigo recomendándome un álbum que a él le sirvió para cambiar su mentalidad en una época jodida. Chicos (nadie), ¡creo que ha funcionado! El álbum es DUSKDOWN de Anier, una rapera que, la verdad, me encanta. Yo solo había escuchado hace mucho tiempo  Carnaza , una canción ruda pero que me gustaba. De repente, un día me apareció en el TikTok y la vi super cambiada pero me dio una vibra tan brillante que me quedé prendada. M...

La mochila azul

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Ahí estamos, creando traumitas desde bien pequeño. Creándolos y colocándolos uno a uno en  mi mochilita azul del colegio que llevaba en la espalda cada día. Estaban entre la agenda y mi  botella de agua. Cuando la mochilita azul se quedó pequeña, mamá me compró una más grande donde me cabían todos los libros de las nuevas asignaturas. Al mover la botella de agua de una a otra, no me  olvidé de los traumitas, ahí tenían más espacio. No duró mucho su comodidad porque siendo un  poco más mayor creé traumas, sin el diminutivo. Estos también fueron en la mochila bien  colocados con sus hermanos mayores, aunque acabaron siendo más altos que ellos. Para  cuando empecé el instituto, la mochila de los últimos 5 años ya estaba destrozada y fue papá el  que me acompañó a comprar otra. De ruedas no, “eso es de mariquitas”. Si él hubiera entendido cuánto me dolía la  espalda... La nueva mochila era muy chula y todos mis amigos de clase la tocaron y la admiraro...