La mochila azul
Ahí estamos, creando traumitas desde bien pequeño. Creándolos y colocándolos uno a uno en mi mochilita azul del colegio que llevaba en la espalda cada día. Estaban entre la agenda y mi botella de agua. Cuando la mochilita azul se quedó pequeña, mamá me compró una más grande donde me cabían todos los libros de las nuevas asignaturas. Al mover la botella de agua de una a otra, no me olvidé de los traumitas, ahí tenían más espacio. No duró mucho su comodidad porque siendo un poco más mayor creé traumas, sin el diminutivo. Estos también fueron en la mochila bien colocados con sus hermanos mayores, aunque acabaron siendo más altos que ellos. Para cuando empecé el instituto, la mochila de los últimos 5 años ya estaba destrozada y fue papá el que me acompañó a comprar otra. De ruedas no, “eso es de mariquitas”. Si él hubiera entendido cuánto me dolía la espalda... La nueva mochila era muy chula y todos mis amigos de clase la tocaron y la admiraro...