Mis ojos, mi alma.

Siento como la lágrima
cae, huyendo del mar salado
de mis ojos, mi alma.
Su recorrido no es destacado,
va con calma
pero no llega al arco de cupido.

Unos labios frenan el líquido,
absorben su sal y callan mi llanto.
Unas manos hacen de mis mejillas su nido
quién sabe hasta cuándo.
Siento que poco a poco pierdo el sentido.
Parece que no existen ni ángeles ni santos.

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