El sabor del mar

Estamos jugando con las olas como niños y de repente me susurra las únicas palabras que no quería oír. Te quiero. Su cálido aliento en mi oreja no dura más de tres segundos. Son suficientes. En silencio, me zambullo en el agua y abro los ojos para orientarme. La sal penetra de lleno en mis retinas, haciendo que me escuezan. Buceo unos metros lejos de él y cuando saco la cabeza del agua lo veo en el mismo sitio donde lo he dejado, inmóvil. Su rostro es difícil de descifrar, no sé como le ha sentado mi huida pero no me importa. Con dificultad, muevo mis piernas hasta la arena con la intención de dirigirme a recoger mi toalla y mi mochila para irme de aquí. No llego. Algo me lanza al agua de nuevo. Más bien alguien. Me hace falta un momento para despertar del shock inicial y darme cuenta de que es él quien está encima de mi. Sus manos rodean mi cuello y muevo las manos con ansiedad. No sirve de nada. A los pocos segundos lo veo todo negro y no puedo abrir los ojos porque me queman. En un intento desesperado por respirar abro la boca pero solo consigo tragar agua salada. Llega un momento que mi cuerpo mojado no responde a mi cerebro y me quedo ahí, flotando inerte en medio del mar.

Nota: Este relato está realizado gracias a los retos de escritura que encontré en los siguientes links que os dejo:
Iré haciendo más como este y los iré colgando en el blog. Este reto es el número 18 del año 2016, que consiste en utilizar el agua como un elemento importante de la historia. Comentadme que os parece.
Os quiero,
Mica XX

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