El vaso

¿Sabéis como veo el vaso? Lleno. Lleno de mierda.
Tan lleno que cuando explote, salpicará a más de uno.


Nunca he sido una persona egoísta, al menos eso creo. Toda mi vida he intentado ayudar a las personas que lo necesitaran, aunque eso me afectara a mí. Y me daba igual todo lo que me afectara porque me importaba una mierda a mí misma, eso, lo sigo manteniendo. Pero he llegado a un punto en el que ya no me la suda tanto todo, me estoy dando cuenta de que hay vida más allá de la muerte en la que estoy ahora. Y escribo esto con lágrimas en los ojos porque me duele aceptar mi puta realidad, porque me da rabia pensar eso, porque sé que si no me quiero, nadie lo hará. Tristemente siempre he necesitado que alguien me dijera algo bonito para sentirme bien, el problema viene cuando ese algo no es lo que yo espero. Ahí es donde la cago, siempre esperando algo de los demás. Toda la vida esperando a que alguien se fije en lo que yo me fijo, y de tanto esperar una se refugia en los libros para que la espera se haga más amena. Eso me ha convertido en una soñadora atrevida, pero solo en mis sueños, cuando estoy con los ojos abiertos me dedico a observar con lupa (o lo que me permite mi limitada visión) todo lo que pasa a mi alrededor y convertirme en la espectadora de mi vida. El vaso lo veo lleno de mierda pero a mí me veo vacía. No vacía de fría, porque soy extremadamente sensible, vacía de que abres mi alma en canal y no hay nada, solo hay una pequeña llama que se enciende muy pocas veces y que se apaga en cuanto alguien sopla, muy flojo, diría que con un suspiro basta. Si todavía estás leyendo esto, primero, no sé cómo has aguantado hasta aquí pero gracias y segundo, este texto no está ordenado cronológicamente para nada, estoy desahogándome para que el vaso no explote y como comprenderás, uno no se desahoga de forma ordenada y concisa. Hará unos cuatro o cinco años recuerdo que lloraba todas las noches, y lo hacía por alguna que otra gilipollez pero me servía para llegar a la mañana siguiente a clase tan feliz, me quitaba los pesos de encima día a día. Suelo pensar que en ese tiempo se me acabaron las lágrimas, que malgasté la poca agua salada curativa que tenía en una vida que no era nada comparado con lo que siento ahora. Lloro, claro que lloro, pero ahora no es lo mismo. Ahora es por impotencia, porque no puedo abrir mi alma sin derramar lágrimas, no puedo articular ni una palabra sin que me invada una ola emotiva, en escalofrío que me recorre la espina dorsal y acaba en mis ojos, cristalizándolos. Por ese motivo, se me da mucho mejor expresarme mediante la escritura. Otro factor es porque el 95% de las veces que hablo, no se me entiende. Tanto soñar y tanto escribir ha hecho mella en mí y me han convertido en una chica ilusa y tonta que cree que todo puede mejorar. Que piensa que algún día su familia la aceptará como es, que imagina un futuro que nunca tendrá, que ha tenido que renunciar a su sueño por circunstancias de la vida, que jamás podrá pedir más de lo que tiene, una chica que se ha conformado con la vida que tiene y solo espera que ésta no empeore. Porque, siendo sinceros, en esta vida hay personas que han nacido para sufrir y yo soy una de ellas, y lo admito porque tras casi diecisiete años en este mundo he pasado por tantas cosas... Demasiadas. He vivido tan engañada, y aún lo sigo estando, solo que ahora ya ni pregunto, me sé las respuestas. Perdida. Es otro adjetivo que siento que me describe a la perfección. Nunca me he encontrado y nunca lo haré.
1/3

Comentarios