La calma

Yo todavía no he encontrado la mía.

Después de decidir ir a dormir y dejar el texto de "el vaso" por finalizado me calmé. La serenidad que invadió todo en mí me hizo analizarlo todo fríamente. ¿Tengo una vida jodida? Sí. ¿Hay gente que está peor? También. Pero... ¿Se puede cambiar nuestro destino? ¿Alguien se cree esa mierda de que nuestra historia la escribimos nosotros? ¿De verdad? Porque si eso fuera cierto os juro que nadie de este puto mundo ha decidido escribir las cosas malas que le pasan. A todos nos gustaría tener una buena vida, ya no digo perfecta, feliz al menos. Pero si en realidad pudiéramos escoger nuestro destino, muchos no estaríamos donde estamos. A esto, cada uno tiene su forma de olvidarse de todo, su calma, su confort. Yo todavía no he encontrado la mía. Cada noche me acuesto sabiendo que he fallado. Me he fallado a mí misma y a todos a los que quiero porque, un día más, me duermo sin saber quien soy y sin poder convertirme en quien quiero ser. Porque para transformar algo tienes que saber que cojones estás moldeando. La calma, la puta calma silenciosa que me acelera los nervios frenéticamente y me agobia a cada segundo que pasa. Supongo que es la principal razón por la que necesito llevar siempre los auriculares con mi música encima. Odio el silencio. No me gusta sentir que nada se mueve, que está todo inerte y oír solamente mi respiración. El silencio sólo debería llegar con la muerte, el resto debería ser todo ruidos (por muy molestos que sean algunos) que nos demuestren que estamos VIVOS.
2/3


Comentarios