El fenómeno natural de cumplir años
¿Que cómo es celebrar que llevo 17 años en este mundo? ¿Qué se siente al estar cerca de la mayoría de edad? No me gusta. No me gusta celebrar mi nacimiento. Hace un mes aproximadamente, el 25 de enero, fue mi cumpleaños. Un jueves, un puto jueves. ¿Os había dicho que odio los jueves? Realmente siento casi lo mismo que con 16 y no es un sentimiento muy agradable ni de agradecer. Yo soy de esas personas que tienen planeado su cumpleaños cuando sea mayor. De verdad que sueño con un 25 de enero en mi casa leyendo, viendo pelis, comiendo quilos y quilos de helado y de comida basura envuelta en mi bata de estar por casa y una manta calentita. Ah, y mis calcetines gordos hasta la rodilla no pueden faltar. Si puedo pasar esas 24 horas en soledad, mejor. Me haré un autorregalo, un bañito de espuma, pediré una pizza para cenar... Dios. Solo de pensarlo me pongo feliz y deseosa de que llegue el día. Por otro lado tenemos la parte a analizar. Siendo observadores y con un poco de cabeza todos podemos apreciar que los 16 se reciben como el mejor regalo que te puede dar la vida. Los 16 son el pase a las discotecas (+16, claro) de los medio mayores, con 16 te crees el rey del mundo, con 16 tienes que decidir cómo encaminas tu carrera estudiantil y profesional. Al otro lado del charco están los 18. Oh, adorados 18, la libertad en números, la puerta a un un nuevo mundo... Porque sí, los 18 son, de nuevo, el pase a las discotecas (las de verdad) de los mayores, ya puedes beber y fumar (legalmente), te sacas el maldito carné de conducir que tantas ganas tienes de tener, aparece la tarjeta de crédito en tu vida y puedes votar. Sí chicos, porque meter un papelito con una cruz en una urna da un subidón... Pero no olvidemos, que a los 18 si la cagas con las autoridades, ¡¡al calabozoooo!! Y en medio de esas dos edades esta el charco, el fangoso charco llamado 17. Vamos, que por los 17 tenemos que pasar todos pero... ¿es necesario? No, en serio. Para empezar que no me gusta nada el numero 17, diecisiete, diecisiete, diecisiete, ¡buag! Yo los 17 me los ahorraba y tan tranquila que me quedaba, de verdad.
Ese jueves me cantaron cumpleaños feliz como diez veces y me pasó lo de cada año. ¿Me uno a su canto, me quedo como observadora o que cojones se supone que hace uno cuando le cantan el puto cumpleaños feliz? ¡Eh! ¡Qué! Yo probé todas las opciones que se me ocurrieron.
Os quiere una adolescente de 17 años que no quiere tener 17 años:
Mica XX

Comentarios
Publicar un comentario