Estoy Cansada
“¿Qué te pasa?”
Estoy cansada.
“¿Estás bien?”
Solo estoy cansada.
“¿Ocurre algo?”
No, estoy cansada.
Estoy cansada.
“¿Estás bien?”
Solo estoy cansada.
“¿Ocurre algo?”
No, estoy cansada.
Estoy cansada. Estoy
cansada. Estoy cansada. Estoy cansada. Basta. No se me da bien escribir lo que
pienso porque pienso más rápido de lo que escribo. Mis manos van a una
velocidad normal mientras que mi cerebro es un motor de quinientos caballos. En
mi cabeza hay varios apartados. Separo los problemas por temas. No puedo. No
quiero escribir mis problemas. Hacerlo y que alguien los lea los hará reales.
No pueden ser reales. No quiero que sean reales. Me niego. Soy una falsa.
Falsa.
Falsa.
Falsa.
Simplemente hay días que no quiero ser la loca. No quiero sonreír. No quiero ser la ClaraMi. No me gusta la ClaraMi. Tampoco es que me encante ser la Clara. El problema de todo esto es que cuando dejo ser la ClaraMi y soy Clara a secas, la gente me pregunta por mi estado. Me duele. Porque eso me demuestra que nadie me conoce. Tampoco me dejo conocer. Pero lo entiendo. Soy tóxica. Soy como un tanque de ácido. Toda corrosión. Un líquido que te quema y te desintegra, te apaga. Parezco esos fluorescentes de las gasolineras que están en medio de las carreteras medio abandonadas, bueno, o cualquier gasolinera, si es por darle un toque poético a esto. Bueno. Como un fluorescente. Encendida. Apagada. Luz. No luz. Luz. Oscuridad. La nada. Hace tiempo escribí algo en mi blog que sigo manteniendo. “El vaso lo veo lleno de mierda pero a mí me veo vacía” Lo mantengo medias. Sí, que oportuna la palabra. Lo mantengo a medias porque me sigo viendo vaciá pero también me veo llena. Llena de miedos. Llena de inseguridades. Llena de traumas Llena de fracasos. Llena de caídas. Llena de obstáculos. Llena de enigmas que descifrar. Llena de lágrimas. Llena de y si... Llena de dolor. Llena de mierda. Llena de mentiras. Y seguramente que tengo cosas buenas. Claro que las tengo. Pero no me sirven para completar mis objetivos, o al menos yo no veo que me ayuden. Sin ir más lejos, ahora mismo tendría que estar haciendo un trabajo pero... Eso no es lo mío. Lo único que siempre he tenido claro es que escribir es lo mío. Porque cuando escribo puedo ser quien quiera, puedo controlar el destino de los personajes, puedo crear vida a través de cuatro frases mal escritas. Cambiar. Puedo cambiar las cosas. Pero solo cuando escribo. No puedo cambiar la realidad. Ni quien soy. Ni la familia que me ha tocado. Ni la vida que tengo. Porque tengo diecisiete años y porque es muy pronto para que yo piense lo que estoy pensando. Soy muy joven para cambiar mi vida. Aunque claro. También soy muy joven para lo que me ha tocado vivir. Sinceramente. No le deseo esto a nadie. El no saber en qué punto estás. El no reconocerte ni a ti misma con las cosas que dices. Bueno, el no saber quién eres. Sería tan fácil desparecer. Sí. Desaparecer.
Falsa.
Falsa.
Falsa.
Simplemente hay días que no quiero ser la loca. No quiero sonreír. No quiero ser la ClaraMi. No me gusta la ClaraMi. Tampoco es que me encante ser la Clara. El problema de todo esto es que cuando dejo ser la ClaraMi y soy Clara a secas, la gente me pregunta por mi estado. Me duele. Porque eso me demuestra que nadie me conoce. Tampoco me dejo conocer. Pero lo entiendo. Soy tóxica. Soy como un tanque de ácido. Toda corrosión. Un líquido que te quema y te desintegra, te apaga. Parezco esos fluorescentes de las gasolineras que están en medio de las carreteras medio abandonadas, bueno, o cualquier gasolinera, si es por darle un toque poético a esto. Bueno. Como un fluorescente. Encendida. Apagada. Luz. No luz. Luz. Oscuridad. La nada. Hace tiempo escribí algo en mi blog que sigo manteniendo. “El vaso lo veo lleno de mierda pero a mí me veo vacía” Lo mantengo medias. Sí, que oportuna la palabra. Lo mantengo a medias porque me sigo viendo vaciá pero también me veo llena. Llena de miedos. Llena de inseguridades. Llena de traumas Llena de fracasos. Llena de caídas. Llena de obstáculos. Llena de enigmas que descifrar. Llena de lágrimas. Llena de y si... Llena de dolor. Llena de mierda. Llena de mentiras. Y seguramente que tengo cosas buenas. Claro que las tengo. Pero no me sirven para completar mis objetivos, o al menos yo no veo que me ayuden. Sin ir más lejos, ahora mismo tendría que estar haciendo un trabajo pero... Eso no es lo mío. Lo único que siempre he tenido claro es que escribir es lo mío. Porque cuando escribo puedo ser quien quiera, puedo controlar el destino de los personajes, puedo crear vida a través de cuatro frases mal escritas. Cambiar. Puedo cambiar las cosas. Pero solo cuando escribo. No puedo cambiar la realidad. Ni quien soy. Ni la familia que me ha tocado. Ni la vida que tengo. Porque tengo diecisiete años y porque es muy pronto para que yo piense lo que estoy pensando. Soy muy joven para cambiar mi vida. Aunque claro. También soy muy joven para lo que me ha tocado vivir. Sinceramente. No le deseo esto a nadie. El no saber en qué punto estás. El no reconocerte ni a ti misma con las cosas que dices. Bueno, el no saber quién eres. Sería tan fácil desparecer. Sí. Desaparecer.
Volvemos a la realidad, va. Ostia es verdad. Estoy entrenando. Tengo que
pararme los balones. Pero es que... Estoy cansada. Me cuesta hasta moverme.
¡Bua! ¡Qué pelotazo me han dado en la
barriga/cara/pierna/loqueseaporqueestoycansadaymedueletodo! Duele. Me cuesta
respirar. Ay, la nariz. Escuece. Vale. Analicemos la situación. Sólo ha sido un
golpe. Chica, te recuerdo que eres portera. Una un poco ciega, pero portera al
fin y al cabo. No es ni el primer golpe que te dan ni será el último. No pasa
nada. Seguimos entrenando. Tira la Nuria. Abajo. No he llegado. Gol. Tira la
Eli. A media altura. Palo y gol. Tira la Helena. Arriba. Escuadra. Gol. Tira la
Tania. Arriba izquierda. Gol. ¿Me he movido? Tira la Clara. Abajo. Sabes que va
abajo. Un poco fuerte pero abajo. Puedes hacerlo. Lo has hecho antes. Espera.
¿Por qué me encojo? Tengo que llegar. No llego. Gol. Tiran. Gol. Tiran. Gol.
Tiran. Fuera. Tiran. Gol. Tiran. Palo. Tiran. Gol. Me rindo. Carla te toca.
Quédate un rato. A ver si se me pasa la tontería. ¿Qué están haciendo? Anda
mira, eso es rosa. Mireia de pívot. La Clara está defendiendo muy bien hoy...
¿Qué hora es? Quedarán unos cuarenta minutos supongo. Bua. Qué largo se me está
haciendo. Las chicas quieren ir a cenar el sábado. Yo no quiero. No puedo. Ni
quiero ni puedo. Ya no sé qué decirles. Mi madre está ahí haciendo malabares,
le duele decirme que no puedo hacer algunas cosas, lo sé porque lo noto en su
mirada. Y a mí también me duele ver como ella se priva de algunas cosas
mientras que mi padre pasa de mí. Que lleve sus genes, que me pague la línea de
móvil y el balonmano no le ponen el título de padre. Promete mucho y luego nos
deja tiradas. Mierda... ¿Qué hago poniendo esto aquí? Da igual. Ya está puesto.
Pero en serio que no lo entiendo. Tengo que trabajar. Necesito ayudar a mi
madre. Pero no tengo tiempo entre el instituto y el balonmano. El fin de semana
tampoco puedo trabajar porque tengo partidos. Esta situación me consume. Le he
dicho a mi madre que como ella conoce a mucha gente que a ver si me consigue
algo para hacer repaso a algún niño o algo. Pero no es tan fácil. De verdad.
Que mal me siento. No sé si dejar el instituto. No sé qué hacer. Este trimestre
me han ido fatal las notas. He empeorado. Bastante. Solo he mejorado en lengua
castellana. Es la única asignatura que me motiva. La profesora me encanta,
llevo dos años con ella y es que me da luz. Hago teatro gracias a ella. Pero el
bachillerato son diez asignaturas, no una sola. Me han quedado tres
suspendidas. La tutora me ha dicho que ha hablado con mi madre. De momento le
he dicho que no te toque el balonmano pero hay que tomar decisiones y ver tus
prioridades. Lo entendí. Pero más tarde lo vi. Es como si mi subconsciente
pidiera a gritos que me borren del balonmano. Todo ha cambiado mucho. Yo no
quería que cambiara. Pero lo que yo quiero no importa una mierda. Siempre me
saldrá todo mal. Lo tengo asumido. ¿Con que derecho les digo a los peques a los
que entreno que podrán ser lo que quieran cuando yo estoy atrapada en una vida
que no quiero? Esos niños me dan la vida. Algunos me cabrean. Pero normalmente
me derriten el corazón. El otro día una niña de las más pequeñas me dijo que no
quería jugar. Le pregunté el porqué. Me
gusta bailar. ¿Y por qué la mama no te borra de balonmano y te apunta a
baile? Porque la mama no tiene una goma
para borrar. ¿Has hablado con la mama de que te gusta bailar y que no te
gusta el balonmano? No. Pues hablalo
con ella. Es que no tiene gomas para
borrar... Le prometí que a la semana siguiente le llevaría gomas de borrar
y que en el tiempo libre le enseñaría un baile. No lloré de milagro. Me
emocionó tanto su inocencia. Está claro que los niños no pueden tener siempre
lo que quieran pero eso para mí fue... No sé cómo explicarlo. Pero, buf, fue
intenso. Llevo tres páginas y siento que me quedan tantas cosas por escribir.
Ya lo he dicho. Pienso mucho. En clase tengo una amiga nueva que he hecho este
año, al principio era como un libro cerrado. Poco a poco se va abriendo y me va
mostrando sus páginas llenas de historias. Ella también tiene miedos. Le aterra
salir a hablar delante de la clase. Y yo la animo. La aliento a que afronte sus
miedos poco a poco. No de golpe. Solo paso a paso. Dime, ¿con qué derecho le
digo eso cuando yo estoy bloqueada delante mis miedos?
Es lunes. Ayer fue domingo. Un domingo duro. Tenía intención de escribir
pero no pude, lo único que hice durante el resto del día fue dormir. No tenía
ánimos para hacer nada más. No me sentía mejor. No quería contarles nada a las
chicas. Tuve que contarles algo de lo que hay aquí para que se quedaran
tranquilas. Me fui de ahí con una sensación mala. Clara me contó cosas que no
quería saber. No las quería saber porque ya no podía hacer nada para ayudarla.
Realmente no me gusta contar mis problemas, lo detesto. Siento que cuando
cuento mis problemas desprecio los de los demás. Y ayer fue un poco así. Lo
recuerdo y se me llenan los ojos de lágrimas pero no puedo llorar ahora. Estoy
maquillada. Pero en serio, nunca había visto a mi amiga así. Estaba fatal y,
repito, nunca la había visto así, parecía que se iba a rendir. Se estaba rindiendo
conmigo. Ella NUNCA SE RINDE. Joder. Cada vez tengo más claro que soy
tóxica. Soy tóxica porque mi mierda afectó a todo el equipo y por eso perdimos
ayer. Todas me miraban a mí, la culpa era mía. No pude ponerle corazón al
partido porque ya no me queda de eso, no me queda y no sé cómo recuperarlo. Para
arreglar todos mis problemas primero tengo que empezar arreglándome a mí misma
por dentro. Parezco una muñeca rota. Lo soy. No puedo parar de compararme con
ella. Ellas. Por eso últimamente evito mirarlas a la cara. No puedo evitar
verlas mejores que yo. No puedo evitar menospreciarme. Se me hace tan
difícil... ¿Qué les digo? No quiero ser vuestra amiga porque no puedo parar de
compararme con vosotras y me muero por ser otra persona. No puedo hacer eso.
Tampoco puedo hacer lo que estoy haciendo. Tampoco puedo dejar de hablarles y
ya. No sé cómo arreglarlo. No sé cómo arreglarme. Cuando pienso que no puedo
caer más bajo la vida me demuestra lo contrario. No se por donde empezar. Tengo
un caos en la mente, un lío que ni Sherlock Holmes puede solucionar. Lo peor de
todo esto es que me está afectando en todo. En el instituto. En casa. En el
balonmano. En mis amistades. Tengo que pararlo. Y tengo que hacerlo ya.

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