El viaje de papá
51. El padre de tu protagonista ha fallecido y en su bolsillo encuentran una fotografía de un paisaje. Escribe sobre la búsqueda de ese lugar exacto.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La trabajadora de la funeraria me tiende una bolsa de papel negro que contiene la ropa que llevaba mi padre ayer, cuando murió en el sofá, de repente, sin que nadie se lo esperara.
Me llevo la bolsa al coche porque necesito oler su colonia una última vez, me consuelo a mí mismo pensando que, si huelo una última vez este aroma cítrico especiado con madera y cuero, lo llevaré mejor. Saco un jersey azul marino, su color favorito y un poco el mío también, sobre todo ahora. Inspiro hondo, me abrumo con la intensidad del olor y se me humedecen los ojos. Nadie está preparado para esto un miércoles cualquiera a las nueve de la noche, para esa llamada que sabe a lluvia y tristeza. De la bolsa también salen unos pantalones vaqueros desgastados, siempre me decía que estos eran los más viejos que tenía. Visto ahora, me parece hasta un conjunto moderno, nada que ver con el traje de chaqueta negro que le han puesto para decirle adiós.
Doblo otra vez toda la ropa y la voy a colocar en la bolsa para dárselo a mi madre cuando veo que algo se ha caído del pantalón. Una fotografía, parece una postal de lo bonita que es.
Es un paisaje de ensueño con un faro blanco con una casa grande a su lado. Parece que no hay
nada más alrededor, solo hierba y flores que la decoran, llenando todo de colores frescos y
vibrantes. Una preciosidad. Miro la parte trasera y leo:
Sábado, 14 mayo de 2011
Pero, ¿papá cuando ha estado en Irlanda? ¿Trabajó restaurando edificios? Pero si él se
dedicaba a restaurar obras de arte. ¿Por qué nunca nos ha hablado de este viaje? ¿Por qué no
ha vuelto? Más preguntas que, esta vez, duelen más. Él no me las puede responder. Vuelvo a
la funeraria y entro en la misa, tomo asiento al lado de mamá. Mira el ataúd con sus ojos
negros hinchados y las ojeras del color de las ciruelas, hacía mucho que no la veía así, la rodeo
con mi brazo por los hombros y la estrecho un poco hacía mí. Adiós papá, ojalá el traje fuera
azul marino, tu favorito.
-----
Hace tres semanas que enterramos a mi padre, tres semanas llevando la fotografía en la mochila para ir
mirándola a cada rato en busca de una pista que me ayude a localizar el lugar, o la mujer. El
desgaste de los bordes y del color desvaneciéndose en algunas partes del paisaje me dan a
entender que esta fotografía iba en el bolsillo trasero de cada pantalón que se ponía. ¿Mamá
nunca se dio cuenta? Me da miedo preguntarle, no la quiero poner más triste aún pero que triste es creer que no conoces al padre que tanto has querido y admirado. No soy capaz de sacar ninguna conclusión, pero sé que esta fotografía tiene que significar algo.
- Mamá – le digo desde el otro lado del sofá. Desde que no está mi padre, la comida de los domingos es más silenciosa de lo que acostumbraba a ser.
- Dime, hijo.
- ¿Sabes si papá ha estado alguna vez en Irlanda?
- Mmmh. – me mira, de repente el agotamiento acumulado a lo largo de los años se le refleja
en todo el rostro – Sí.
- ¿Y por qué nunca me lo habéis dicho? ¿Tú sabes qué hizo ahí?
- Tienes tú la foto, ¿verdad? Ya decía yo que no estaba en la bolsa de la ropa que nos dieron.
- Mamá, pero...
- Aiden... ¿Como te lo explico...? Tu padre y yo no deseamos nunca esto, esta vida. Tu padre y yo... Nos queríamos, pero no queríamos estar juntos, fueron tus abuelos los que nos obligaron a casarnos. Nosotros sólo éramos amigos de la infancia. Quién lo diría... En pleno 2016 un matrimonio concertado. – su expresión me indica que una oleada de recuerdos la está arroyando.
- Pero, ¿por qué nunca me habéis dicho nada? – Me levanto del sofá, me va el corazón mil.
- Porque queríamos que fueras feliz y que nunca te faltara amor. A pesar de todo, nunca
quisimos que tuvieras rencor hacia tus abuelos.
- Estoy flipando mamá. Entonces, ¿lo de esa fotografía es verdad? ¿Papá amaba a otra?
- Sí.
- ¿Y que hizo en Irlanda?
- Trabajar y ser plenamente feliz por última vez en su vida. Tu abuelo era muy exigente con él.
- ¿Y tú aceptaste eso? – no acabo de asumir toda esta información.
- Claro, cariño. Él también aceptó que mi corazón pertenece a otro y no por ello me ha tratado
peor. Tu padre siempre me ha colmado de amor y me ha sacado las mejores sonrisas. No he sido feliz todo el rato, pero al menos él se encargó de que no hubiera lugar para la tristeza.
- Deberíais haberme contado todo esto antes... ¿Sabes algo más de la chica que menciona en la
carta?
- Sé poco, pero tengo algo que te puede ayudar. – se levanta y sale del salón.
Yo consigo sentarme de nuevo en el sofá para tranquilizarme y e intentar asumir toda la información.
Observo el salón en el que he crecido los últimos 29 años. De repente, todo me parece de
mentira, como hecho de plástico. Las fotos familiares, los recuerdos de los viajes, los
momentos en familia...
- Toma. – me tiende un sobre con lo que parece ser un recorte de periódico en su interior – Esto es lo único que tu padre tiene relacionado con esa mujer, que yo sepa. Quizá te ayude a encontrarla.
- Gracias, mamá.
Deidre Gómez, la irlandesa con raíces españolas que ha inaugurado una galería de arte especial.
9 de agosto de 2016
Kilbaha, Irlanda – Deidre Gómez Walsh, hija de padre español y madre irlandesa ha inaugurado, en un día soleado como hoy, una galería de arte en el sur de Kilbaha que celebra tanto el arte contemporáneo español como el irlandés.
La galería denominada “Kilbaha Gallery”, muestra una diversa selección de pinturas, esculturas e instalaciones de artistas españoles e irlandeses reconocidos y emergentes. Durante la apertura, Gómez Walsh expresó: “Quería fusionar mis raíces culturales y ofrecer un espacio donde se aprecie el vibrante arte español y el profundo arte irlandés.”
“Kilbaha Gallery” no solo exhibirá obras, sino que también organizará talleres y eventos culturales para fomentar el intercambio artístico entre Irlanda y España. La galería promete convertirse en un punto de referencia cultural en la región.
- Tengo que ir.
- ¿A dónde?
- Donde va a ser, pues aquí. – le enseño la noticia. – Inauguró la galería en el cumpleaños de papá, cuando el cumplía los 25... y tu estabas embarazada. Tengo que ir cuanto antes.
- Pero, ¿estás seguro? Mira que a lo mejor la galería ya cerró. Y llegar hasta ahí te va a costar mucho dinero, y a ver que comes porque tú eres de muy mal comer, y tampoco sabes hablar irlandés...
- Mamá...
- Y ropa de abrigo tendrás que comprarte que he oído que allí hace mucho frío y mucho aire. Como te pongas malo no tienes seguro médico y va a ser aún más caro...
- ¡Mamá! Cálmate, por favor. – le doy un abrazo largo para que no entre en pánico. – Mira. – le enseño el móvil donde tengo abierta la página web de la galería. La última publicación es de ayer. Por lo que entiendo que la galería está abierta. – De verdad, tengo que ir. Tengo que saber cómo era papá cuando era él mismo de verdad. Cómo era su corazón.
- Vale, ve. Pero quiero que sepas que el corazón de tu padre era de verdad siempre que estaba contigo. Aunque entiendo las ganas que tienes de conocerlo más me sigue preocupando esta impulsividad. ¿Cuándo tienes pensado irte?
- Mañana, llamaré ahora al trabajo. - abre lentamente los ojos del asombro. - Tranquila. Llevo dos años trabajando sin vacaciones, no me van a poner ningún problema. ¿Quieres que te traiga algo de Irlanda?
- No, me conformo con que vuelvas Aiden. Vuelve y cuéntamelo todo.
-----
Tras un vuelo, un tren, dos autobuses y un taxi por fin estoy aquí. Frente a la galería. No sé cómo es el aspecto de Deidre, no hay fotos suyas en ningún rincón de internet. Pero la galería sigue igual que en las fotos de la inauguración. Empujo la puerta con suavidad y unos pequeños cascabeles avisan de mi llegada. Una mujer elegante, con la cara redonda y con una diadema rosa en el pelo asoma la cabeza desde detrás de un lienzo enorme. Nos miramos a los ojos y es cuando sé que estoy frente a la mujer que estoy buscando y entiendo porque el color favorito de mi padre era el azul marino. El color favorito de mi padre eran los ojos de DeiDei. La piel de su cara muestra algunas marcas del paso del tiempo, aunque sus mejillas tienen un color rosado natural que parece que lleva ahí desde siempre. Por un segundo creo que sabe quién soy, pero no tardo en darme cuenta de que se piensa que soy él, que soy papá.
- David... - ahora sus ojos están llenos de incredulidad y se me rompe el corazón solo de pensar en lo que le tengo que decir.
- Deidre... No... Yo no soy... Él. – se acerca lentamente examinándome de arriba abajo. Siempre me han dicho que me parezco mucho a él, pero nunca lo he llegado a ver hasta ahora, que veo la ilusión y la decepción en la cara de esta desconocida. – David es mi padre. Yo soy Aiden.
- Aiden... Te puso un nombre de aquí. – noto el acento irlandés, es la primera vez que escucho mi nombre pronunciado de esta manera. - Tu padre, ¿está bien?
- Murió el miércoles pasado. – acabo de ser insensible a niveles estratosféricos. – Perdón por decírtelo así. - No sabía decírselo de otra forma. ¿Cómo se le dice a alguien que el amor de su vida ha muerto sin poder despedirse? Nadie lo sabe. Parece que no tiene en cuenta mi empatía nula porque me abraza sin que me lo espere y me estrecha fuerte con sus delgados brazos.
- No pasa nada. Lo he supuesto al verte aquí. Después de treinta y cinco años no tiene sentido que te hubiera contado algo de su pasado sin razón alguna.
- La verdad es que nunca me ha contado nada de su pasado.
- ¿Y cómo has llegado hasta mí?
- Pues empezó con una postal y luego mi madre me dio un trozo de un periódico que cubrió la inauguración de esta galería. – le paso los papeles que le estoy mencionando mientras voy hablando. – He venido en cuanto he sabido que esto seguía abierto. Solo quería conocer más a mi padre.
- Ya que has llegado hasta aquí... ¿Tienes hueco para un café?
- S-sí, claro. – me sorprende la rapidez con la que esta dispuesta a abrirse conmigo.
-----
Nos sentamos en una de las mesas de madera que están fuera de la galería, hace un poco de frío, pero el sol asoma entre algunas nubes y nos da calor. Sostengo la taza caliente del café y me dispongo a centrar todos mis sentidos en las palabras de Deidre, en sus ojos al narrarme su amor, en sus manos gesticulando para que yo me imagine las cosas lo más ajustadas a la realidad posible.
- No sé por dónde empezar... David llegó aquí con veinte años, yo tenía dieciocho. Fue en la primavera del 2011, en abril. Yo había terminado el bachillerato el año anterior y había empezado a trabajar porque aún no tenía muy clara la carrera que quería estudiar. Estaba trabajando en una granja que hay por aquí cerca cuidando a los niños de una familia. Los padres tenían muchos viajes de negocios y en primavera y verano no se podían ocupar de ellos. Tu padre vino desde España porque se estaba tomando un año sabático y un amigo le enseñó la oferta del voluntariado que salió para restaurar la señal Éire 45 de la Segunda Guerra Mundial, el faro y la casa que están más al sur y cómo tenía ganas de huir de tu abuelo y sus constantes desprecios no dudó un segundo en volar hasta aquí.
- Pero si él no tenia ni idea de restaurar edificios, era restaurador de arte. Trabajaba con lienzos y pinturas, no lo he visto con un ladrillo en la mano jamás.
- No sabía que se dedicaba a eso. - le brillan los ojos mientras mira al cielo azul - Ese año tu padre había hecho un parón en la carrera de arquitectura, pensaron que eso le haría mejor albañil y por eso en seguida aceptaron su ayuda y le dieron un sitio en el que vivir, en Moore Bay. Iba cada día al trabajo en bicicleta y la primera vez que lo vi me sonrió cómo si hubiera visto la manzana de caramelo más apetecible del puesto de la feria, le brillaban mucho los ojos. Desde entonces, cada día nuestros ojos se encontraban, pasaba siempre por el camino de al lado de la granja subido en esa bicicleta vieja y me regalaba una sonrisa. Con el paso de las semanas me iba dejando flores que encontraba en la pradera del faro, bombones, pequeños dibujos, poemas...
- ¿P-poemas? ¿Mi padre te escribía poemas? No me lo puedo creer.
- Sí, y eran preciosos Aiden. Aún los conservo en mi mesa de noche. Tu padre era un romántico. – bebe un sorbo de café y cierra los ojos para concentrarse de nuevo en la historia. Se nota que está haciendo un esfuerzo para no ponerse demasiado sentimental. – Bueno, pues un día de finales de abril no pasó de largo con la sonrisa de siempre sin más. Se paró y me habló, intentó saludarme en irlandés, pero en seguida noté que era español y fue la oportunidad perfecta de conocer a alguien de mi edad en esta punta olvidada de Irlanda. Mi madre era irlandesa y mi padre de Galicia, me he pasado todos los veranos de mi infancia en Vigo. Le hablé en español y recuerdo su cara de sorpresa a la perfección. A partir de ahí sus idas y venidas del trabajo en bicicleta ya no eran solo una sonrisa, ahora hablábamos, hablábamos muchísimo. Tu padre era un chico con una cantidad enorme de preguntas y todo lo que le rodeaba le parecía interesante. Después de él, no he conocido a nadie más con una conversación tan agradable y amena como la suya. Empezamos a vernos los fines de semana. “¡Como amigos!”, me decía siempre él. – imita a papá y ambos nos reímos, creo que recordaré este momento siempre.
- La verdad es que lo imitas muy bien, me lo puedo imaginar perfectamente.
- Yo estaba todo el rato imitándole. Me encantaban sus expresiones, sobre todo cuando hablaba en valenciano, era graciosísimo. Cuando llegó el mes de mayo, yo ya sabía que mis sentimientos por él no eran de amistad y se lo dije una noche cuando mirábamos las estrellas, tumbados en el césped.
- ¿Y él que hizo?
- Me besó y me dijo “Como amigos, ¿no?”. – la sonrisa que tiene le ilumina la cara. – Desde ese momento solo pensábamos el uno en el otro, solo queríamos amarnos todo el rato y dar paseos a la luz de la luna. Yo en ese entonces empecé a descubrir que el arte me despertaba tantas mariposas por dentro como lo hacía David, y supe que era lo que quería estudiar. Él no lo tenia tan claro y no encontrábamos nada que le encajara, todo lo que a él le apasionaba, a su padre le horrorizaba. A David le encantaba arreglar cosas y restaurar los edificios y lo que aprendió aquí esa primavera solo le hizo reafirmarse en su deseo. El veinte de mayo se fue, tu abuelo ya no le dejaba estar más tiempo fuera de casa sin “hacer nada provechoso”. Me lo dijo esa misma mañana, nos despedimos en la estación de tren y yo estaba desolada, el primer amor de mi vida yéndose sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Al final se marchó sin que pudiéramos encontrar algo a lo que se pudiera dedicar y que tu abuelo aceptara a la vez que el no sintiera que perdía el tiempo. Ese verano... Fue el peor de mi vida. Durante el día seguía cuidando de los niños con una sonrisa fingida en la cara y por las noches solo lloraba y lloraba y lloraba. Fueron meses de recurrir a lo único que tenía de él: los dibujos, las flores ya secas, los poemas, las cartas de amor... Todas esas cosas eran una ventana a una vida que sabía que nunca podríamos vivir. No tenía su teléfono móvil, ni su dirección, tampoco sabía que había pasado cuando volvió a casa, cuáles eran sus planes de futuro. Cuando terminó el verano simplemente asumí que jamás lo volvería a ver, estudié la carrera de bellas artes en Dublín mientras trabajaba en una tienda de pinturas para ahorrar. Cuando me gradué volví aquí y abrí esta galería de arte, el día de su cumpleaños. Yo misma contacté al diario local de Valencia para que publicaran la noticia que me has enseñado, fue mi pequeño regalo para tu padre: “Hola, estoy aquí. Puedes venir si quieres. Te sigo amando.” Ese era el mensaje que le quería transmitir. Aunque ahora veo que sí leyó la noticia, creo que llegué tarde...
- Mi madre ya estaba embarazada de mí. – nunca había dicho esta frase con tanta tristeza.
- Sí, ahora lo veo. - me mira a los ojos, siento como está memorizando cada detalle de mi cara. Veo como está dibujándome en su mente, otro recuerdo de papá para la mesa mesa de noche.
- Y estudió restauración y conservación de obras de arte. Sabiendo todo esto ahora creo que, junto sus dos pasiones a la perfección. Arreglar cosas y tu amor, por él y por el arte.
- ¿Ves? Te lo he dicho, era todo un romántico. – se acaba el café que le queda y mientras aparta la taza a un lado me lanza una pregunta. - ¿Fue un buen padre?
Miro los rayitos de sol que caen con el atardecer y las lágrimas se asoman peligrosamente.
- El mejor. Tenia sus secretillos... - sonrío mientras se me empapan las mejillas. – Ha sido muy bueno con mamá y ninguno de los dos ha dejado que nadie decidiera por mí. Siempre me apoyó en todo y me dejó ser libre respecto a mi futuro. La verdad es que he sido muy afortunado de tenerlo conmigo toda mi vida. Ojalá hubieras tenido tu la misma suerte.
- No sientas pena por mí. Al menos, tuve la grandísima suerte de que un día me sonriera desde lo alto de su bicicleta.

Comentarios
Publicar un comentario